El informe "Estudio de caso sobre la
Carretera Interoceánica en la Amazonia Sur del Perú", fue presentado el
jueves 6 de julio de 2006, en la Universidad del Pacífico, en Lima
(Perú). El evento fue organizado por la Asociación Civil Labor, el Bank
Information Center (BIC), Conservación Internacional, Derecho Ambiente y
Recusos Naturales (DAR) y Racimos de Ungurahui y fue promovido por La
Articulación Frente al IIRSA (Iniciativa de Integración de la
Infraestructura de Sudamérica). El informe elaborado por Marc J.
Dourojeanni, presenta una evaluación sobre los impactos de esa
carretera. Presentamos un resumen del reporte.
Estudio de caso sobre la
Carretera Interoceánica en la Amazonia Sur del Perú
Marc J.
Dourojeanni
Resumen
La IIRSA (Iniciativa de
Integración de la Infraestructura de Sudamérica), lanzada en el año 2000
por los gobiernos de los 12 países de la región con el apoyo del Banco
Interamericano de Desarrollo (BID), de la Corporación Andina de Fomento
(CAF) y del Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (Fonplata),
incluye la promoción de 10 ejes de integración que reúnen 335 proyectos
por un valor de 37.5 billones de dólares. Estos proyectos son
principalmente de transporte pero incluyen también obras de generación y
transporte de energía y de comunicaciones.
Una de las obras de esta iniciativa que está siendo ejecutada es la
Carretera Interoceánica entre Brasil y Perú y que se justifica, de una
parte, por brindar acceso a los productos brasileños a los puertos
peruanos del Pacífico y, por otra, para promover el desarrollo de la
deprimida y populosa región sur del Perú.
La obra, en territorio peruano, consiste en asfaltar o mejorar 2,586 km
de carreteras, entre la pequeña ciudad de Iñapari (Madre de Dios), en la
frontera con el Brasil y puertos de la Costa Sur. Será realizada a un
costo de US$892 millones. La parte amazónica de la obra, materia de este
estudio, atraviesa las regiones amazónicas de Madre de Dios, Cuzco y
Puno, entre 200 m.s.n.m. y más de 4,000 m.s.n.m. Esta parte será
ejecutada y luego administrada por dos empresas concesionarias por la
modalidad conocida como BOT (build, operate and transfer). La obra fue
estudiada, licitada, concedida, parcialmente financiada e iniciada entre
2003 y marzo de 2006. El financiamiento parcial, un préstamo de enlace,
fue otorgado por la CAF con garantía de la República del Perú. La obra
en el Perú se interconecta con el sistema vial brasileño permitiendo
transitar por carretera asfaltada entre los puertos oceánicos del
Atlántico y los del Pacífico.
La región amazónica por la que pasará la carretera es la región más
natural que queda en la Amazonia peruana y ostenta una de las mayores
concentraciones de biodiversidad del planeta, incluido una elevada
proporción des endemismos, debido a su buen estado de conservación
general y a la diversidad de ecosistemas ocasionados por la gradiente
altitudinal. También es refugio de un número considerable de grupos
indígenas que viven en aislamiento voluntario. Por eso el mejoramiento
de esta carretera reviste una importancia única en términos de riesgos
para los esfuerzos mundiales de conservación de la biodiversidad y de
respeto por los derechos de las últimas poblaciones humanas que viven
sin o con muy poco contacto con la sociedad moderna. Igualmente preocupa
el agravamiento de problemas ambientales y sociales característicos de
la construcción y operación de carreteras en condiciones de bosque
tropical húmedo de regiones planas y de altitud.
De una parte, el presente estudio confirma que en la región existe un
pasivo ambiental y social significativo, que deviene de los impactos
producidos gradual y cumulativamente a partir de la construcción en las
décadas de 1940 y 1950 de caminos de penetración a la Amazonía desde
Cuzco y Puno y, en especial, a partir de la primera trocha carrozable
entre Puerto Maldonado y la frontera brasileña, que data de los años
1980s. De otra parte, el estudio ratifica opiniones de diversos autores
que alertaron sobre el riesgo de que los impactos ambientales y sociales
se agraven mucho, en amplitud y velocidad, después del asfaltado y
mejoría de la carretera. Los impactos ambientales más probables, vistos
en un horizonte de más de 10 años, incluyen incremento rápido de la
deforestación, degradación de bosques naturales, invasión de áreas
protegidas, mayor incidencia de incendios forestales, expansión del
cultivo de la coca, explotación anárquica de oro, degradación de
ambiente urbano, pérdida de biodiversidad, incremento de caza y pesca y,
reducción de la amplitud y calidad de los servicios ambientales, en
especial problemas mayores en torno al recurso hídrico, incluido
inundaciones, aluviones y calidad del agua para uso humano. Los peores
impactos sociales se manifestarán con relación a los indígenas en
aislamiento voluntario, incremento de la migración andina hacía la
región amazónica, invasión de tierras indígenas en general, conflictos
por la tierra y por su regularización, incremento de la pobreza urbana y
falta de servicios públicos en barrios marginales, aumento de las
actividades ilegales y disminución de la seguridad pública y, claro,
dilución y pérdida de valores culturales tradicionales, entre otros.
La opinión pública local, regional y nacional, tradicionalmente a favor
de la construcción y mejoramiento de las carreteras y fuertemente
influenciada por la pesada propaganda gubernamental, considera casi
unánimemente que la obra traerá grandes beneficios económicos y no se
importa con los impactos ambientales y sociales que, de otra parte, han
sido constantemente minimizados por los actores oficiales. El gobierno
siempre ha informado a la opinión pública que los impactos negativos
serán mínimos porque la carretera no es nueva y que se están tomando
todas las precauciones ambientales y sociales necesarias. Apenas un
segmento pequeño de la sociedad civil, principalmente organizaciones no
gubernamentales e intelectuales, ha levantado objeciones, esencialmente
apuntando a la ausencia de un programa que limite los perjuicios más
probables y que permita aprovechar las oportunidades económicas que la
mejoría de la carretera brindará. Las principales restricciones por
parte de las organizaciones sociales de base han provenido de entidades
indígenas o campesinas.
Pero, cuando se consulta directamente a la población que será afectada,
a pesar del entusiasmo general, surgen innumeras dudas sobre lo que les
espera. Estas dudas son de nivel personal, familiar, municipal y
regional. Temas como la economía familiar, los conflictos por la
propiedad en la faja de dominio, seguridad de la familia y de los
animales, el costo del peaje, invasión de tierras, empleo en la
construcción, costo de la titulación, riesgos de accidentes, elevación
del precio de la tierra, modificaciones en el tránsito urbano, entre
muchos otros, se suman diversos de los problemas que ya fueron
comentados antes como impactos ambientales y sociales. Evidentemente,
gran parte de los actores locales están muy satisfechos, en especial los
extractores e industriales forestales, los que pretenden dedicarse a la
agricultura y pecuaria en forma más intensiva, los mineros y los
miembros de los sectores hotelero y de restaurante, así como una parte
de los que se dedican al turismo. De otra parte, todos reclamaron de la
precariedad de la información sobre la obra y de la falta de consultas
públicas efectivas.
El análisis de la actuación del gobierno peruano y de la CAF en relación
a la obra, revela que ambos prestaron poca atención a principios y
normas que, formalmente, rigen la aprobación de este tipo de proyectos.
La omisión principal es que la obra fue aprobada, financiada e iniciada
sin disponer de una evaluación de impacto ambiental y social. Existe, en
cambio, un amplio capítulo ambiental dentro del estudio de factibilidad
y también, estudios de impacto ambiental parciales, referidos a los
trechos por los que la obra fue comenzada. Pero se trata de estudios
basados en información de segunda mano o referidos esencialmente a los
impactos directos de la obra, sin un buen análisis y sin el
indispensable complemento de información pública y consulta. La
pretensión de que los estudios de impacto ambiental parciales o por
trechos sumen, al final, el equivalente a una evaluación ambiental
completa no es técnicamente aceptable y, de cualquier modo, sería
aprobada muy tarde para poder aplicar la gama de medidas que el
ejercicio presupone. Gran parte del problema descrito se debe a la
debilidad de la legislación peruana sobre licenciamiento ambiental, que
deja la decisión en el sector que promueve la obra evaluada y, en
general, a la menguada institucionalidad pública ambiental. Existen
otras objeciones al procedimiento seguido por el gobierno y por la CAF
para la aprobación de la Interoceánica. La CAF, en especial, no cumplió
varios otros de sus lineamentos de política ambiental y social.
La CAF tuvo conciencia del problema creado por la rapidez inusual que el
gobierno imprimió al proyecto, provocando su aprobación sin evaluación
de impacto ambiental y social y, por eso, realizó acciones paliativas
como el mejoramiento de la capacidad de evaluación ambiental en el
Ministerio de Transportes y Comunicaciones, el financiamiento de
consultas con la sociedad civil y, en especial, presionando al gobierno
a aceptar un programa para la gestión ambiental y social de la región
afectada por la obra (programa Inrena/CAF). Este programa (US$10
millones como préstamo de la CAF y US$7 millones de contrapartida local)
está bien orientado y aborda muchos de los problemas que la carretera
agravará. Pero el monto destinado al mismo y su plazo de ejecución son
claramente insuficientes para resolver el problema. Además, este
programa aún no ha sido aprobado por el Perú ni por la CAF.
El gobierno argumenta que la situación de la ocupación de la tierra en
Madre de Dios está consolidada por la existencia de áreas protegidas
amplias, tierras indígenas tituladas y gracias al sistema de concesiones
forestales (de varios tipos) ya otorgado. También se encuentra
preparando una zonificación ecológica económica, un plan de desarrollo
en el ámbito de la Interoceánica y otro, en las zonas fronterizas. La
realidad demuestra que la supuesta estabilización en la ocupación de
tierras es muy frágil, primeramente porque no existe capacidad de evitar
invasiones y, en especial, porque las concesiones, del mismo modo que el
programa de titulación de tierras y catastro rural, en lugar de evitar
conflictos, los han multiplicado debido a la baja calidad del trabajo.
De otra parte, la probabilidad de que los planes en ejecución sean
implementados es sumamente remota debido a su costo elevado y a la
incapacidad del gobierno en la región, en sus tres niveles.
En conclusión, la principal objeción a la obra no se refiere
directamente a ella sino a la falta de mecanismos públicos que permitan,
de una parte, evitar los peores impactos ambientales y sociales
previstos y, de otra, impulsar el desarrollo sostenible aprovechando las
nuevas oportunidades que ella brinda. Por eso, la primera y más
importante recomendación es la elaboración, financiamiento y ejecución
de un programa de desarrollo regional que cubra en profundidad los temas
que serán superficialmente abordados por el Programa Inrena/CAF y que
incluya lo que este no contiene. Se estima que el costo de este programa
es del orden de US$100 a 150 millones. Pero, para que un proyecto como
ese tenga éxito en las condiciones de la región afectada, es
indispensable que el gobierno peruano defina una autoridad clara sobre
el mismo y sobre los sectores que deberían ejecutarlo. La principal
dificultad actual de la sociedad civil en relación a la Interoceánica es
la falta de interlocutor valido en el gobierno. También es condición de
éxito que se establezcan los mecanismos de información y de
participación efectiva que prevé la legislación peruana y los que sean
necesarios específicamente para ejecutar el programa.
El estudio presenta muchas otras recomendaciones, algunas de tipo
coyuntural o urgente, como son el establecimiento de un mecanismo de
monitoreo, seguimiento y evaluación independiente para la carretera,
mecanismos de solución de conflictos por trechos y, asegurar que los
estudios de impacto ambiental que faltan sean de mejor calidad que los
ya realizados y, otras, de fondo, como las mencionadas antes, a las que
deben añadirse la necesidad de hacer cambios estructurales en la
legislación y en la institucionalidad peruana sobre medio ambiente y en
particular sobre licenciamiento ambiental. Los bancos multilaterales de
desarrollo han demostrado poca eficiencia en sus discusiones con el
gobierno peruano en relación al tema ambiental siendo indispensable que
adopten medidas concretas al respecto y, en el caso específico de la
CAF, debe preparase a ejercer una supervisón muy severa sobre esta obra.
La sociedad civil organizada peruana y regional, respectivamente a
través del Grupo de Trabajo de la Sociedad Civil Peruana (GTSCP) y de la
agrupación Madre de Dios, Acre, Pando (MAP) han realizado un excelente y
efectivo trabajo con relación al proyecto de la Interoceánica pero deben
prepararse para continuar el esfuerzo con la misma o con mayor
intensidad.