Boliva

 

Triste reedición del mega-proyecto de la represa El Bala

 

 

Marco Octavio Ribera

 

 

De acuerdo a una nota de prensa de marzo del 2007 (ns.comunica.gov.bo: 200708 La Razón), el megaproyecto hidroeléctrico del Bala vuelve a la mira del Gobierno, que encomendó a la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE) revisar el plan de aprovechamiento, de acuerdo a declaraciones del Viceministro de Electricidad, Rafael Alarcón. El proyecto, ubicado en el límite entre La Paz y Beni, había sido descartado en anteriores gestiones de gobierno debido a su inviabilidad técnica, económica y ambiental. Según esta oficina de Estado: “Más que por el impacto ambiental, estaba descartado por el tema de las inversiones. Creemos que en este momento ya se hace necesario un plan de esta envergadura, con el gran potencial que tiene El Bala”. En la misma nota de prensa el Superintendente del sector, Jorge Choque, expresó que “sería bueno que Bolivia aproveche sus recursos naturales en la Amazonía, para generar más electricidad”.

 

A esto se suma el decreto supremo 29191, firmado el 14 de julio del 2007, el cual tiene por objeto declarar de interés y prioridad nacional el aprovechamiento de la cuenca del río Beni y definir los mecanismos a través de los cuales se realizarán los estudios hasta el diseño final, del Proyecto Hidroeléctrico “El Bala”.

 

Tropezando con la misma piedra

 

Una visión exclusivamente desarrollista de determinados funcionarios procura reeditar un proyecto de generación de energía a costa de la destrucción del patrimonio natural del país, precisamente la zona con mayor riqueza biológica de Bolivia y un centro de afluencia masiva de turistas de todo el mundo. El Bala inundaría una enorme proporción de dos de las áreas protegidas más importantes de Bolivia, el Parque Nacional Madidi y la Reserva Pilón Lajas.

 

El año 1984, cuando la presidencia del Congreso Nacional estaba en manos de Jaime Paz Zamora, se aprobó la ley 628 que abría formalmente la posibilidad de realizar los estudios del proyecto del Bala. Algunos años después, en 1998, durante la presidencia de Hugo Banzer Suarez, se aprobó la Ley 1887, que declaró prioridad nacional la construcción del proyecto múltiple del Bala, con los siguientes objetivos: a) Generar 2.700 MW de energía, b) Habilitar para la agricultura 1.3 millones de hectáreas, c) Crear un lago artificial de 2000 Km2, d) Hacer navegable el río Beni (sólo aguas arriba), e) Comunicar las regiones del altiplano y el Beni.

 

Ya en su momento, cuando hubo una tremenda oposición a este descabellado proyecto por parte de los pueblos indígenas, operadores de turismo, científicos y movimientos sociales en general, se hizo notar a detalle lo absurdo e insensato de los mencionados objetivos.[1]

 

Lo que se deduce, al menos a primera vista, es que la misma lógica de desprecio hacia los aspectos ecológicos, los derechos indígenas y las normas ambientales que utilizaron los tecnócratas neoliberales de fines de los años 90 para proponer el proyecto de El Bala, también es esgrimida por los actuales responsables de oficinas de desarrollo, posiblemente teniendo como apoyo ensayos poco responsables que minimizan los riesgos ambientales al extremo de la ingenuidad.[2]

 

El megaproyecto original del Bala implicaba la construcción de una presa de 159 metros que formaría un inmenso lago artificial de 2.505 kilómetros cuadrados. Una segunda opción planteada por un consultor contratado por la prefectura, algo menos riesgosa en términos ecológicos, proponía dos presas menores, una en El Bala y otra en Chepite, formando espejos de agua que juntas sumaban 854 kilómetros cuadrados. En este segundo caso, la generación de energía era algo menor respecto de la primera megapropuesta de El Bala. En cualquiera de los dos casos, los impactos a los ecosistemas varían desde muy grandes a apreciables.

 

El Parque Madidi y la Reserva Pilón Lajas forman el conjunto de áreas protegidas con mayor riqueza de ecosistemas y especies de Bolivia, teniendo renombre a nivel continental y mundial. Constituyen el reservorio de recursos biológicos más importante del territorio nacional, y se puede afirmar que en gran parte gracias a ellas, Bolivia se encuentra entre los 12 países biológicamente más ricos del mundo. La región subandino amazónica del Madidi – Pilon Lajas (ríos Tuichi, Beni y Quiquibey) constituye la de mayor biodiversidad de Bolivia, con más de 7000 especies de plantas, más de 800 especies de aves y 200 especies de mamíferos.[3] El ecoturismo en base a la riqueza natural, que tanto esfuerzo ha costado posicionar en la región y que viene generando muy importantes beneficios, colapsaría.

 

Según datos oficiales de Turismo se estima que hasta el año 2001 se habían generado alrededor de 7 millones de dólares por la actividad turística en la región y 650 empleos directos e indirecto, que mantienen cerca de 2.800 habitantes.[4] Actualmente, los 7.300 turistas anuales que ingresan al Madidi, generan alrededor de 2 millones de dólares al año para la economía de la región. Estas cifras han sido superadas al año 2006 en cerca de un 90 % y se encuentran en ascenso.

 

Alguna vez se ha argumentado en relación a grandes proyectos que afectan zonas naturales, que ello no es incompatible con el ecoturismo, lo que equivale a sugerir que a los ecoturistas les encantaría navegar, pescar y nadar en el inmenso lago del Bala. Nada más absurdo y que muestra el desconocimiento de lo que es el ecoturismo y de cómo piensa un ecoturista. Costaría mucho y con muy poca esperanza de éxito, hacer comprender a los numerosos ecoturistas que viajan desde Europa para navegar el mítico río Tuichi, que una gran parte del río ya no existe y que en su lugar se ha construido una monstruosa represa que crea el magnífico lago contaminado que navegan.

 

En la actualidad existen tres importantes procesos de turismo comunitario indígena en la región: Chalalán en el Tuichi dentro del Parque Madidi, Mapajo en la Reserva Pilón Lajas y San Miguel del Bala en la zona de influencia inmediata del Madidi; las cuales desaparecerían bajo las aguas del “magnífico” lago artificial. [5] Se debe enfatizar en ello: la laguna o lago de El Bala no será nada maravilloso, sino una inmundicia de biomasa en descomposición y un criadero de mosquitos vectores del dengue y la malaria.

 

Sobre los beneficiarios de la represa, FOBOMADE en su momento los describió con precisión, los mayores beneficios los acapararían las empresas consultoras proyectistas, y en especial las constructoras. Viene al caso mencionar la represa Cambarí en Tarija, que es otro sinsentido socio-ambiental, donde las primeras impulsoras eran las cámaras de construcción y del cemento. Volviendo al Bala, la fiesta sería también para las empresas que instalan las líneas de transmisión y luego les tocaría a las empresas que realicen el transporte y venta de la energía, puesto que con 300 a 500 MW nosotros como país podríamos satisfacer por demás la demanda de los próximos años. El costo del transporte de la energía hasta cualquiera de las fronteras (líneas de transmisión, plantas intermedias, mantenimiento) desde ya sería enorme.

 

Con el transcurso de los años y considerando la enorme carga de sedimentos que tiene el río Beni, la famosa presa se colmataría. Al respecto, en su momento, expertos en hidrología tenían una opinión fundamentada acerca del poco tiempo de vida útil de la represa, debido a los sedimentos llevados por este gran río, situación que se agravará sin duda con el empeoramiento de los fenómenos relacionados al cambio climático global.

 

Todo hace suponer que la carga sedimentaria del Beni se ha incrementado en los últimos 15 a 20 años, debido al avance masivo del desbosque en las zonas de Caranavi, Alto Beni, La Asunta, Tipuani y Yungas en general, y que aparentemente va a continuar sin muchas variaciones. Si a esto sumamos el efecto de las lluvias agigantadas que probablemente asolarán la vertiente húmeda de la cordillera, debido al cambio climático, la represa de El Bala ya se ve como un mal negocio, aún sin deducirle toda la pérdida de riqueza natural y los beneficios perdidos del turismo.

 

 

Bibliografía citada

 

Conservation International 1996. A Biological Assesment of the Alto Madidi Region. RAP. 108 p.

FOBOMADE. ¿Queremos una represa en el angosto de El Bala? Foro Boliviano de Medio Ambiente y Desarrollo (ensayo).

Instituto de Ecología /Centro de Datos para la Conservación 1992. Diagnóstico y propuesta para la creación del Parque Nacional Madidi. La Paz, Bolivia. 78 p.

Molina, J.C. 2000. Análisis técnico y ambiental del proyecto El Bala. FOBOMADE. La Paz, Bolivia. 40 p.

Reid, J. 1999. Dos Caminos y un Lago. Análisis económico del Desarrollo de Infraestructura en la Cuenca del Río Beni. CSF.

Ribera, M.O. y Liberman, M. 2005. El Uso de la Tierra y los Recursos de la Biodiversidad en las Áreas Protegidas de Bolivia. SERNAP-GEF. La Paz, Bolivia. II. 425 p.

Salazar, C.M. 2003. El Don del Bala. La Paz, Bolivia. 64 p.

SERNAP, 2004. Plan de manejo del Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi. Proc.GEF II. Servicio Nacional de Áreas Protegidas, La Paz, Bolivia.

Veterinarios sin Fronteras 2001. Sistematización de experiencias de Veterinarios sin Fronteras en el Proyecto Pilón Lajas. Documento Global. VSF/DFID. Rurrenabaque, Bolivia. 76 p.

Viceministerio de Turismo, 2001. Informe anual. La Paz, Bolívia.

 

 


Notas

[1] FOBOMADE; Reid 1999; Molina 2000.

[2] Un ejemplo de este tipo de ensayo se puede ver en Salazar 2003.

[3] VSF, 2001; CI, 1996; SERNAP, 2004; IE/CCDC, 1992.

[4] Viceministerio de Turismo 2001.

[5] Ribera y Liberman 2005; Salazar, 2003.

 

 

Marco Octavio Ribera integra el equipo de LIDEMA (Liga de Defensa del Medio Ambiente) en Bolivia. Publicado originalmente en 2007.

 


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