|
Ecuador
Petróleo y megaproyectos en la agenda del nuevo gobierno
Mario Melo
"Si estos proyectos hubieran sido anunciados
por un presidente electo abiertamente neoliberal, todos los sectores
"progresistas" estaríamos poniendo el grito en el cielo"...
La visita del Presidente electo a Brasil y los compromisos acordados con
el gobierno de Lula nos muestran claramente que la explotación petrolera
continuará siendo una actividad económica prioritaria para el Estado
ecuatoriano, hasta el punto de que a su ritmo marchen, como lo han hecho
desde el inicio de la era petrolera en los setentas, los procesos de
cambio en los patrones de ocupación del espacio en la amazonía
ecuatoriana.
Correa ha anunciado el inicio, en su gobierno, de la operación del
proyecto ITT [campos Ishpingo, Tambococha, Tiputini], con el argumento
incontrastable de los novecientos millones de barriles de su reserva.
(Diario Hoy, 11 de diciembre de 2006). La explotación de un proyecto
hidrocarburífero de esa envergadura provocará un segundo "boom petrolero".
Su desarrollo y producción se calcula costará 1.667 millones de dólares y
su industrialización otro tanto (Reyes y Ajamil:2005). Una inversión de
esa naturaleza provocará sin duda, una importante dinamización de la
economía y los beneficios cuando lleguen, constituirán una oportunidad
para el Estado de contar con los recursos necesarios para atender las
enormes necesidades sociales.
Sin embargo, la infraestructura que se requerirá instalar para extraer y
transportar el crudo pesado cambiará para siempre una región de humedales
frágiles y megadiversos, afectando áreas protegidas y el territorio
ancestral de pueblos indígenas, algunos incluso en aislamiento voluntario.
Consecuente con la decisión de empujar el ITT, Correa se manifiesta
entusiasta del Proyecto Multimodal Manta-Manaos (La Hora, 10 de diciembre
de 2006) y parece ser que comprometió el apoyo de Lula da Silva para
financiar los dos mil quinientos millones de dólares que costaría su
construcción, bajo la modalidad "llave en mano" por la que la beneficiaria
del contrato de construcción de las carreteras, puentes y viaductos sería
la empresa brasileña Oderbretch (Ecuadorinmediato.com 10 de diciembre de
2006)
Hasta el momento parece que en los próximos años veremos surgir ante
nuestros ojos una nueva amazonía norte, atravesada por una carretera que
lleve a través de lo que hoy es la selva de las riveras del Napo, convoyes
de traileres que conduzcan mercadería desde el puerto de Manta, hasta
Nuevo Rocafuerte, (la próxima Ciudad Juárez [paraíso de las maquilas]
amazónica) para embarcarla hasta Manaos y el Atlántico y viceversa.
Este panorama se complementará con una refinería en Jaramijó, obra
imprescindible para romper la lógica perversa de ser un país exportador de
crudo e importador de derivados, pero que requiere, a más de una inversión
de tres mil millones para su construcción, otra parecida para el oleoducto
de crudos pesados que permita llevar el crudo desde el ITT.
Grandes proyecto con grandes impactos. También, grandes oportunidades. La
decisión de explotar el ITT ha sido una política de Estado, gestada por
décadas por los gobiernos de turno. El eje multimodal es parte del IIRSA,
programa financiado por el BID, la CAF y FonPlata para integrar las
infraestructuras de transporte del continente a fin de facilitar el libre
comercio.
Nada nuevo bajo el sol
Si estos proyectos hubieran sido anunciados por un presidente electo
abiertamente neoliberal, todos los sectores "progresistas" estaríamos
poniendo el grito en el cielo. Como fueron anunciados por un presidente
electo de izquierda, que ganó las elecciones con una propuesta
nacionalista y antioligárquica, queremos creer que es posible ejecutarlos
poniendo por delante de los intereses crematísticos del capital
transnacional, los derechos humanos de la gente sencilla y la integridad
de un medio natural privilegiado. Además, con un manejo inmaculado de los
fondos públicos y pensando siempre en que primero es la Patria.
Sin embargo, la experiencia histórica del Ecuador como país petrolero nos
hace ser pensar que embarcarse nuevamente en el tren sin frenos del modelo
extractivista petrolero terminará, muy probablemente, en un nuevo desastre
ambiental y social.
Varios de los hombres y mujeres clave en el nuevo gobierno han hecho su
carrera denunciando la política petrolera resuelta en el conventillo de
los interesados en el negocio de los hidrocarburos y exigiendo
transparencia y apertura para el debate franco y no excluyente de las
opciones de desarrollo para el país. Ahora que serán gobierno, queremos
verlos a la altura de sus trayectorias.
Las organizaciones sociales, el movimiento indígena, el movimiento
ambiental, la academia y la ciudadanía progresista están llamados a apoyar
al gobierno de Rafael Correa en la reforma política que ha ofrecido, de la
mejor manera posible, esto es, exigiendo el cumplimiento de su plataforma
de campaña; permaneciendo vigilantes de que el respeto a los derechos
humanos sea el primer deber del Estado, como manda la Constitución y
ayudándolo a encontrar las alternativas de desarrollo más compatibles con
la dignidad humana y la integridad de la naturaleza.
Mientras tanto observamos y alertamos a las organizaciones amazónicas
respecto a estas iniciativas del Presidente Correa a fin de que se
preparen para el momento cuando, de acuerdo a la Constitución y los
instrumentos internacionales vigentes, el Gobierno realice la respectiva
consulta previa a fin de obtener el consentimiento de los directamente
afectados.
Mario Melo es correspondencia de Prensa.
Prensa UNT/C-CURA.
El artículo se publicó originalmente el
29 enero 2007.
|